Cada sociedad, atendiendo a sus circunstancias, costumbres y creencias, va levantando su visión común del mundo. De acuerdo a los parámetros que rigen dicho ambiente, encontraremos hechos observados como positivos, negativos o neutrales.
Generalmente, los temas que han adquirido un valor oscuro, porque son considerados como un tabú, son vistos con cierta aversión, de modo que no son tratados libremente a la luz pública; pero, como forman parte de la vida misma, es necesario abordarlos, es así que se coloran o disfrazan de cierta forma para poder ser comentados sin que resulte incómodo. También puede suceder lo contrario, que las personas los manejen sin ningún tipo de reparo, utilizando todos los recursos que sirvan para rebajar o deteriorar lo que dicen.
Hasta hace unos años, en nuestra sociedad, los temas relacionados con la muerte y la homosexualidad fueron vistos como hechos desagradables, por tal motivo, colectivamente y de forma inconsciente, se buscaron diversas formas para hacer referencia a dichos tópicos. Si observamos las expresiones que aún hoy utilizamos para referirnos a ellos, veremos muchas clases de matices reconocidos por la colectividad. Pero, en la actualidad, se ve una variación en el manejo de estos acontecimientos. Gran parte de la población juvenil panameña afronta estos temas de una forma deliberada y hasta despectiva.
La muerte no era un hecho que llamara la atención de los muchachos, porque debido a su edad ellos pensaban más en lo que es la vida y en los disfrutes que la misma les podría brindar. Pero conforme han pasado los años, la violencia se ha ido incrementando, y los jóvenes por diversas razones sociales se han visto envueltos en este negativo aspecto, de tal manera que la muerte como resultado de estos caminos torcidos les ha tocado de cerca.
La violencia ha influido mucho en la nominación de la muerte, ya que el modo como se dan los homicidios ha plagado la referencia que se hace de la misma: lo pelaron, le dieron piso, lo despacharon, amaneció con moscas en la boca, lo borraron, le dieron kill, lo quebraron, lo tiraron, le dieron plomo.
Igualmente se ha presentado una visión un tanto frívola y volcada al sentido del humor y lo jocoso: se peló, peló el bollo, visitó a san Pedro, fue a dormir con los gusanos, se fue de viaje, se nos adelantó, se petateó, viró las cutarras, se le acabó la batería.
Por otro lado, prevalecen alusiones eufemísticas aprendidas de los adultos como: se fue para el más allá, pasó a mejor vida, está en el cielo, ya no está entre nosotros, está en la gloria, descansa en paz y dio el último suspiro. Sin olvidar frases antiguas que también han soportado el paso del tiempo: cantó el manisero y cantó el último cuplé.
En cuanto a la homosexualidad, esta es una realidad que se ha venido exteriorizando más en los últimos años y, por ende, es un tema que es tratado libremente entre los adolescentes.
Aunque el machismo ha perdido cierto protagonismo en nuestros días, aún ejerce cierta influencia sobre la mentalidad juvenil y sobre todo en lo que respecta a la homosexualidad, fenómeno que no es visto con tabú sino con desprecio. La mayor parte de las formas con las que se nomina a esta preferencia sexual está plagada de expresiones peyorativas.
Algo con lo que frecuentemente se hace referencia a esta forma de vida es al comportamiento de los homosexuales, lo cual parece causar un disgusto en los demás de manera que se representa lingüísticamente de forma disfemística: se desplumó, es una loca, es un tralalaila, es un ñaño, está partido.
Ante esta realidad, considero que la mayor recomendación que se puede brindar es la de crear en los profesores, maestros, padres y en la sociedad en general el compromiso de guiar a los muchachos para que mejoren sus actos de habla, atendiendo a las normas del respeto y la moral, y que empleen la originalidad para construir códigos novedosos y llamativos con los cuales enriquezcan nuestro idioma.
En los últimos años, se comentó mucho sobre la influencia negativa del tabú en el desarrollo psicológico de los individuos; en la actualidad, se percibe un mal peor y es la liberación plena de la humanidad que, en un grito fuerte y desinteresado, se aleja de las normas sociales, éticas y morales, vistas hoy como lazos que nos limitan y nos atan a lo anticuado, a la ignorancia.
Los adolescentes, símbolos inequívocos de la rebeldía y motores de un mundo propio, se han sumergido en esta corriente desentendida del tabú y han traspasado esta característica a su jerga. Debemos evitar que esta forma de comunicación trascienda a las próximas generaciones, porque esto no solo significaría el empobrecimiento de la lengua, sino también del alma, de la cultura.
Istmenia García